A principios de 2024 un titular recorrió el mundo: un litro de agua embotellada puede contener unos 240.000 fragmentos de plástico. La cifra procede de un estudio de la Universidad de Columbia que, gracias a una nueva técnica óptica, consiguió contar partículas mucho más pequeñas de lo que se medía antes: los llamados nanoplásticos, hasta cien veces menores que un microorganismo.
El número impresiona, y con razón despierta preguntas. Pero antes de tirar todas las botellas a la basura conviene entender qué miden de verdad esos estudios, de dónde salen esas partículas y qué dicen los organismos de salud. Este artículo separa el dato del susto y termina con lo único que está en tu mano: cómo beber con menos plástico.
Puntos clave
- Se detectan micro y nanoplásticos tanto en el agua embotellada como en la del grifo: son ubicuos en el medio ambiente.
- El estudio de Columbia (2024) halló ~240.000 fragmentos por litro en agua embotellada, la mayoría nanoplásticos.
- La mayor parte procede del envase, el tapón y el proceso de embotellado, no del agua de manantial de origen.
- La OMS (2019) concluyó que, con los datos disponibles, no hay evidencia clara de riesgo a los niveles detectados, pero pidió más investigación.
- El vidrio evita el contacto con el plástico; es la ventaja de un envase como el de 22 Artesian.
- Reducir la exposición es sencillo: evitar el calor y el sol sobre las botellas y no reutilizar las de un solo uso.
- Un origen protegido y profundo parte de un agua limpia antes incluso de envasarse.
¿Qué son los microplásticos y los nanoplásticos?
Se llama microplásticos a los fragmentos de plástico menores de 5 milímetros, y nanoplásticos a los todavía más diminutos, por debajo de una micra (la milésima parte de un milímetro). No se ven a simple vista: están dispersos en el agua, en la comida, en la sal, en el aire y hasta en la lluvia.
Provienen de la degradación de objetos de plástico de todo tipo —envases, textiles, neumáticos, pinturas— que el sol, el rozamiento y el tiempo van rompiendo en trozos cada vez menores. Su presencia en el entorno es hoy prácticamente universal, y por eso aparecen en tantos análisis distintos.
¿Es cierto que el agua embotellada contiene microplásticos?
Sí. Y también la del grifo. La novedad del estudio de la Universidad de Columbia, publicado en 2024, no fue descubrir que había plástico, sino contar partículas mucho más pequeñas que antes pasaban desapercibidas. Al mirar con esa lupa, la cifra media saltó a unos 240.000 fragmentos por litro, de los cuales alrededor del 90 % eran nanoplásticos.
Es importante leer bien ese dato. No significa que el agua sea «90 % plástico» ni nada parecido: hablamos de partículas invisibles, en cantidades de masa minúsculas. Lo que revela el estudio es sobre todo lo mucho que aún desconocíamos sobre las partículas más finas, no que el agua embotellada se haya vuelto de repente más peligrosa.
¿De dónde salen esas partículas?
Los propios investigadores apuntan a que buena parte procede del envase de plástico (PET), del tapón y del proceso de embotellado y apertura, no del agua subterránea original. Abrir y cerrar la botella, apretarla o exponerla al calor libera partículas. Es decir, el plástico del recipiente es una fuente clave, algo sobre lo que sí se puede actuar.
¿Son malos para la salud los microplásticos?
Es la pregunta del millón, y la respuesta honesta es que aún no se conoce del todo. La Organización Mundial de la Salud, en su evaluación de 2019 sobre microplásticos en el agua de consumo, concluyó que, con la información disponible, no parecían suponer un riesgo para la salud a los niveles detectados. Pero fue clara al añadir que el conocimiento es limitado y que hace falta más investigación, especialmente sobre las partículas más pequeñas, que son justo las que el estudio de 2024 empezó a contar.
Desde entonces, la ciencia sigue trabajando en dos frentes: medir mejor cuántas partículas ingerimos de verdad y entender qué hace el organismo con las más finas. Mientras llegan respuestas definitivas, el consenso razonable es el de siempre ante una incertidumbre: reducir la exposición sin caer en la alarma, porque el plástico está en muchas más cosas que el agua.
Los microplásticos no son un problema exclusivo del agua embotellada: están en el grifo, en el pescado, en la sal, en la fruta y en el aire. El objetivo sensato no es eliminarlos por completo —algo imposible hoy— sino disminuir de forma inteligente el contacto con el plástico.
Agua embotellada vs. agua del grifo: ¿cuál tiene menos?
Es una de las dudas más buscadas. En términos generales, el agua del grifo suele mostrar menos partículas que la embotellada, sobre todo porque no ha estado en contacto con un envase de plástico. Pero tampoco está libre: se han encontrado microplásticos en el grifo de numerosos países, procedentes de las tuberías, del tratamiento y del medio ambiente.
Las cifras varían enormemente según la zona, la red de distribución y, muy importante, el método de análisis empleado. Por eso no existe un ranking universal fiable de marcas de agua «sin microplásticos»: dos laboratorios distintos pueden dar resultados muy diferentes para la misma botella. Conviene desconfiar de las listas tajantes que circulan por internet. Si te interesa el trasfondo, lo comparamos con calma en agua mineral vs. agua del grifo.
| Factor | Qué influye | Qué puedes hacer |
|---|---|---|
| Envase | El plástico (PET) libera partículas; el vidrio no | Elegir vidrio cuando sea posible |
| Calor y luz | El sol y el calor aceleran la liberación | Guardar en fresco y sin luz directa |
| Reutilización | Reusar botellas de un solo uso degrada el plástico | No reutilizar las de un solo uso |
| Origen del agua | Un acuífero profundo y protegido parte limpio | Preferir aguas de origen protegido |
Cómo reducir los microplásticos al beber agua
La buena noticia es que, aunque no puedas controlar el medio ambiente, sí puedes reducir tu exposición con gestos sencillos que actúan sobre la fuente principal: el plástico y su manipulación.
- Elige vidrio cuando puedas. Es la forma más directa de evitar el contacto del agua con el plástico.
- No reutilices las botellas de un solo uso. Rellenarlas muchas veces degrada el material y favorece la liberación de partículas.
- Huí del calor y del sol. No dejes las botellas en el coche, en la ventana ni junto a una fuente de calor.
- Guarda el agua en un lugar fresco y sin luz directa. El calor y la radiación aceleran la degradación del envase.
- No calientes líquidos en recipientes de plástico. Usa vidrio, cerámica o acero para calentar.
Ninguna medida elimina los microplásticos por completo, pero juntas reducen de forma real la exposición, que es de lo que se trata mientras la ciencia sigue investigando. Y va de la mano de un hábito que ya defendemos aquí: cuidar también cómo se conserva el agua embotellada, lejos del sol y de olores fuertes.
El papel del origen y del envase en Mineraqua
Hay dos cosas que marcan la diferencia frente a los microplásticos, y en ambas ayuda venir de un buen manantial. La primera es el origen del agua. Las aguas de Mineraqua brotan de un acuífero a 156 metros de profundidad en la Sierra de Cameros, en Torrecilla en Cameros (La Rioja), un entorno protegido y alejado de fuentes de contaminación. Ese origen profundo significa partir de un agua limpia y filtrada por la propia montaña, antes incluso de llegar a la línea de envasado.
La segunda es el envase. Para quien quiere minimizar el contacto con el plástico, 22 Artesian se presenta en botella de vidrio de 822 ml, el material que no cede partículas al agua. Y en toda la producción, la certificación FSSC 22000 de seguridad alimentaria garantiza controles estrictos en cada etapa. Junto a ella, Peñaclara y San Millán completan una familia de aguas de la misma Sierra de Cameros.
La botella de vidrio, tu aliada
Si te preocupan los microplásticos, el gesto más efectivo es pasar al vidrio siempre que puedas: en la mesa, en casa o en el restaurante. El vidrio es inerte, no cede partículas y además es 100 % reciclable, un doble beneficio para tu bebida y para el entorno.
Cuidado con las modas de «desintoxicación»
Circulan supuestos remedios para «eliminar los microplásticos del cuerpo» que no tienen base científica. No existe una píldora ni un té que los limpie. Lo útil es reducir la exposición en el día a día —menos plástico, menos calor sobre el envase— y mantener una hidratación y una dieta saludables. Ante dudas de salud, consulta con un profesional.
Preguntas frecuentes
¿Es cierto que el agua embotellada contiene microplásticos?
Sí. Los estudios detectan micro y nanoplásticos tanto en el agua embotellada como en la del grifo. En 2024, un trabajo de la Universidad de Columbia publicó una cifra que dio la vuelta al mundo: alrededor de 240.000 fragmentos por litro en agua embotellada, la mayoría nanoplásticos. Conviene recordar que están presentes en muchos alimentos y bebidas, no solo en el agua, porque son ubicuos en el medio ambiente.
¿Se ingieren microplásticos al beber agua embotellada?
Sí, aunque también se ingieren con el grifo, la comida, la sal o el aire. La mayor parte de las partículas del agua embotellada procede del propio envase, el tapón y el embotellado, no del agua de origen. Reducir el contacto con el plástico —vidrio, evitar el calor— ayuda a disminuir esa ingesta.
¿Son malos para la salud los microplásticos del agua?
La OMS, en su evaluación de 2019, concluyó que, con la información disponible, no parecen suponer un riesgo a los niveles detectados, aunque advirtió de que el conocimiento es limitado y hace falta más investigación. Es un campo en estudio: lo prudente es reducir la exposición sin caer en la alarma.
¿El agua del grifo también tiene microplásticos?
Sí. Se han encontrado en el grifo de muchos países, procedentes de tuberías, del tratamiento y del medio ambiente. En general presenta menos partículas que la embotellada por no estar en contacto con un envase de plástico, aunque las cifras varían mucho según la zona y el método. Ninguna de las dos está libre de microplásticos.
¿Qué agua tiene menos microplásticos?
No hay un ranking fiable y universal de marcas, porque los resultados dependen mucho del método de análisis. El factor decisivo suele ser el envase y su manipulación: el vidrio evita el contacto con el plástico, un origen protegido parte de un agua limpia y guardar las botellas lejos del calor reduce la liberación de partículas.
¿Cómo reducir los microplásticos al beber agua?
Elegir vidrio cuando sea posible, no reutilizar las botellas de un solo uso, guardar el agua en fresco y sin luz directa, no dejarla al sol ni en el coche y no calentar líquidos en plástico. Hervir y filtrar también reduce parte de las partículas. Ninguna medida las elimina del todo, pero juntas disminuyen la exposición.
Los microplásticos son un recordatorio de hasta dónde ha llegado el plástico en nuestro entorno, no un motivo para el pánico. La ciencia sigue investigando, y mientras tanto lo sensato está en tu mano: menos plástico, más vidrio y un agua de origen protegido. Ese es el espíritu de las aguas de la Sierra de Cameros —Peñaclara, San Millán y 22 Artesian en vidrio—. Conoce su origen y su composición en Mineraqua.com.